martes, 25 de agosto de 2015

francisco jose soriano por el mundo

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HISTORIA Y CIRCUNSTANCIAS

"Uno es uno mismo y sus circunstancias", dijo Ortega y Gasset. Durante mucho tiempo esta frase me ha acompañado. 

Jean Paul Sartre.
https://mariocancel.wordpress.com
No es un filósofo muy de mi gusto, así que pasado un montón de años lo cambié por otro más cercano, Sartre. "El hombre está condenado a ser libre", esta frase base del existencialismo la tomé como punto de referencia en un momento en el que decidí pasar de la pasividad, conformismo y victimismo del filósofo español a arriesgarme a tomar el control de mi vida, buscando un camino por el que satisfaga transitarla.


Tras esta pregunta es muy lógico decir -¿Qué es lo que quieres?-. La respuesta la tengo muy clara, símplemente no lo sé y todavía no lo he encontrado, aunque me cruzaré un día con la respuesta.

Tras esta disertación comienzo a presentarme: Me llamo Francisco José Soriano Campos. Hagámoslo en plan curriculum vitae:

Octubre de 1979: Se me ocurrió nacer.

1991: Con la pre-adolescencia y un incipiente felpudillo que me va a salir debajo de la nariz, se me manifiesta una epilepsia

1992: Termino el colegio. Aquí tengo claro que quiero estudiar F.P. de informática. He tenido ordenadores desde pequeño, me resulta fácil manejarlos, es una formación con mucha salida laboral, me llevo mal con mis padres y tan joven, tengo claro que quiero ponerme a trabajar e irme de casa lo más rápido posible.

Antes de empezar a estudiar informática en la F.P. II, tengo que sacar la F.P. I de auxiliar administrativo.

Durante estos dos primeros años de unos estudios que no me interesaban lo más mínimo, me trataron con algo que cualquier médico con dos dedos de frente considera (y consideraba ya en aquellos años) una barbaridad, tomaba luminal. Un potente barbitúrico que entre otras cosas se utiliza para inducir comas y le sirvió a Marylin para suicidarse.

A los 14 escalé por primera vez, con mi hermano mayor, en la microplaca del Yelmo (La Pedriza). Mi motivación para probar era bastante vulgar. Los "medio-hippies alternativos" de aquel entonces más guays eran los que salían al campo y especialmente si era escalar. Así que mi motivación era avanzar en la escala "guay".

Pero me atrajo mucho, hasta los 16 (año 1995/96) no pude volver a practicar. En el ámbito de una asociación de animación sociocultural donde conocí a los que después serían mis compañeros habituales de cordada.

Por entonces me cambiaron mi tratamiento por algo muy poco fuerte que me funcionaba bién. A pesar de tener explícitamente prohibido por los médicos cualquier clase de actividad de riesgo. Yo decicidí no hacer caso y practicar el montañismo (en todas sus modalidades) con toda la intensidad de la que era capaz.

Así que llegó un punto en el que llegaba a irme de "pellas" un día en el instituto para hacer actividades invernales en la sierra de Madrid.

En un momento dado realizo un curso llamado TDM (técnico deportivo en montañismo), corría el año 1997/98. En medio de un gran vacío legal era lo que argumentaba la gente para considerarse guía de montaña. Es una formación que me parece realmente pobre e inadecuada para muchas de las cosas que se hacían en su nombre.

Pero a parte de todo mi periplo en el mundo de la montaña, que es anecdótico para lo que se trata dentro de lo que es los viajes, a los 24, año 2004, a 15 días de irme a una expedición al pico Lenin (Kirguistán), me volví, de forma inexplicable totalmente resistente a cualquier tipo de medicación para la epilepsia. Comencé a tener ataques fuertes y frecuentes hasta encontrar alguna medicación que me ayudase un poco (siempre parcialmente).

Tuve, primero por responsabilidad hacia mis compañeros de cordada, y después hacia mí, dejar de hacer cualquier tipo de actividad técnica (con cuerda). Excepto en ocasiones, que se pueden contar con los dedos de las manos, en las que personas que conocían mis circunstancias, con mis indicaciones, me acompañaban, comprendían y ayudaban. Es decir, tuve que comenzar a actuar como cualquier otra persona discapacitada, necesitaba acompañantes.

Dejar de hacer montañismo me llevó a viajar para encontrar una forma con la que llenar, rehacer, mi vida.

A pesar de que tenía que adaptar mis viajes a mis nuevas circunstancias, siempre he ido un poco más allá de los límites recomendados. Por ejemplo:

En el 2005, sufriendo afasia de broca (efecto secundario de un medicamento que estaba probando) fuí a la Península de Valdés, a Ushuaia y a la Tierra de Fuego.

Empiezo a narrar la parte más "victimista" de mi vida:

A partir de 2007 comencé a perder la voz por un motivo desconocido. Prácticamente quedé mudo. Necesité más de 3 años de visitas al foniatra para conseguir recuperar una cantidad de voz digamos que suficiente. A pesar de todo esto no puedo modular la voz. Es el aspecto más limitador en mi vida, afectando seriamente a la vida laboral y social.

En el año 2008 visité La isla Reunión (realmente es La Reunión), no Reunión). Viaje que realicé sólo y donde realmente tuve unas grandísimas dificultades, pues sólo tenía un "hilo" de voz.

Mis crisis epilépticas siempre han sido dormido, a pesar de esto, los médicos me ordenaban no realizar actividades arriesgadas, pues existen probabilidades (como comprobaría más adelante) de tener ataques epilépticos durante la vigilia. A lo que voy es que entre otras cosas viajando, practiqué buceo entre leones marinos y otras cosas "prohibidas".

Finalmente en 2010, decidí cambiar la frase de Ortega (uno es uno y sus circunstancias) por una de Sartre: "El hombre está condenado a ser libre". Esto significa que decidí mis decisiones a partir de ese momento, aceptando las consecuencias, me permitirían tener un control completo de mi vida. Decidí hacer caso a algo que llevaba dos años insistiéndome mi doctora. Operarme, pues en mi caso es posible. Algo que solo sucede en un porcentaje bajo de las veces.

Objetivo de la cirugía: Eleminiar la resistencia a los fármacos. Probabilidad de éxito = 70%. Probabilidad de curarme definitivamente en caso de éxito < 10%. Probabilidad de sufrir secuelas permanentes = 20%. A esto hay que sumar que al ser una cirugía grande, existen probabilidades de "infecciones de quirófano".

De aquí voy a saltarme el rollo de los procesos prequirúrgicos (un suplicio) y la operación fué con una técnica, implicaba estar una parte de la misma despierto con anestesia parcial, que ayuda a evitar o minimizar las posibles secuelas.

secuelas motoras no sufrí. Excepto una paralisis facial, de la que me avisaron, que pasó en pocos días, como me dijeron de antemano. Eso sí de pasar una infección de quirófano no me libré. Un absceso muy grande me llevó a estar bastante (creo que mucho aunque nunca me lo dijeron) grave en la UCI.

Se supone que debieron quedarme secuelas importantes tras una infección de ese tipo. Pero con la excepción de una pequeña parálisis en la mano izquierda, que sólo se aprecia si se sabe que se tiene, todo bién.

La gran sorpresa de que no quedase muy limitado, creo se debe a como me concentré durante mi estancia en la UCI: Pasé todo el tiempo despierto, a pesar de no poder traer a la mente recuerdos y visualizarlos, sí, tenía la memoria correctamente, así que tomé la mejor vivencia de mi vida y continuamente pensaba que recuperándome, podría volver a experimentarla. Tenía miedo de desfallecer si me relajaba. 

En conclusión, sin ánimo de hacerme la víctima, fué una experiencia realmente dura y no me gustaría volver a pasar por ello.

Resumiendo, que soy una persona que tiene dos factores, que me llevan a ser considerado con "diversidad funcional" (discapacitado). Una disfonia, que es la pérdida de voz. Que en una cultura como la española, pues no nos respetamos hablando, tendemos a expresarnos todos a la vez, es profundamente limitante. Y saltándome todas las órdenes médicas, viajo con una epilepsia parcialmente controlada con medicación. Quiero dejar muy claro que más que motivos para hacerme la víctima es una enumeración de circunstancias. Es decir, como el que es pelirrojo o tiene asma. Así que siempre adapto la logística y el cómo se hacen las cosas a mis necesidades.

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